lunes, 13 de septiembre de 2010

Cosas de brujas

Hace poco hablé de esas personas que nos roban hasta la última gota de nuestra energía y eso me llevó a pensar…. Si los vampiros existen, ¿existirán también las brujas?
Pues sí, existen pero no tal y como nos han transmitido cuentos y leyendas. Después de mucho navegar por internet y empaparme páginas y páginas que hablaban de seres fantásticos y diabólicos, he logrado encontrar la clave. Ahora sé cómo fueron en realidad esas mujeres injustamente aniquiladas en la hoguera. Cual ha sido mi sorpresa al leer “las brujas eran mujeres solteras, emancipadas que vivían solas [..]” así que si estuviéramos en la edad media ¡yo sería una bruja! fascinante….
Mucho se ha hablado de escobas, de mujeres feas y antipáticas con ideas maléficas que bailaban con el diablo. Nada más lejos de la realidad; las brujas no eran más que mujeres adelantadas a su tiempo y podían ser realmente bellas y jóvenes. Eran independientes, poseían grandes conocimientos sobre sexualidad, reproducción, amor, anatomía… se podría decir que fueron las antecesoras a las mujeres científicas puesto que prestaban un gran servicio a la comunidad con sus conocimientso y experimentos a través de la botánica. Esas féminas, que se resistían al modelo de mujer de la época que sólo podía de engendrar hijos y estar sometida a su marido, pronto estuvieron bajo el punto de mira de los más poderosos que las veían como una amenaza para la rígida sociedad de una edad media regentada por hombres y severas normas eclesiásticas. No es de extrañar que en un entorno tan masculino y devoto, no hubiera lugar para esas mujeres solitarias y ambiciosas que sabían demasiado. Así pues, el miedo y la inseguridad del hombre, las llevó a su injusta persecución.
Pero ¿Qué podemos decir de los Aquelarres? ¿Realmente celebraban encuentros en los que cantaban y mantenían relaciones sexuales con el diablo que se presentaba en forma de macho cabrío? Pues sí, ellas se reunían y bailaban pero el diablo o todo lo que ellas veían era fruto de su imaginación. Las brujas conocían bien las propiedades de los vegetales y de sus efectos. Era común usar la mandrágora en sus pociones, una planta que tiene la raíz en forma de cuerpo humano (vendría a ser aquel bicho que guardaba Ofelia debajo la cama en la película “El laberinto del Fauno”) se dice que al arrancarla se escucha el grito del hombrecito de la raíz y por ese motivo , para extraerlas las ataban a la cola de los perros para no caer en maldiciones. También utilizaban para sus ungüentos caseros, estramonio, belladona, tabaco o beleño, todas ellas consideradas “plantas mágicas” que presentan grandes dosis de alcaloides que provocan altos efectos alucinógenos. En resumen, aquellas mujeres se reunían, bailaban, reían y cantaban bajo los efectos de las drogas. Lo mismo que hacen ahora algunos inconscientes en la discoteca, ya lo hacían las brujas quinientos años atrás.
Pero sus conocimientos también se utilizaban para fines medicinales y es que a menudo la gente de la aldea, con más o menos miedo, les pedían algún remedio para el niño que no respira bien, para aliviar algún dolor e incluso para solucionar algún embarazo no deseado. Si aún ahora ese es un tema polémico para nuestra sociedad, imaginaros en pleno siglo XV que una mujer tuviera los suficientes conocimientos para provocar un aborto, totalmente inaceptable. Incluso algunas mujeres que se sentían acosadas por sus maridos, acudían a las brujas para que les proporcionaran pócimas que luego ellas mezclarían discretamente a la bebida de su pareja para provocarles impotencia sexual.

¿Y la escoba, para qué la usaban? Pues bien, teniendo en cuenta que eran mujeres muy modernas, solteras y partidarias de la libertad sexual… imaginaros lo bien que lo pasarían untando el palo de la escoba con algún alucinógeno para emplearlo de consolador, del mismo modo que en la actualidad, muchas mujeres guardan su juguetito erótico para esas duras temporadas de abstinencia sexual obligada. Claro está que en la época medieval no existía el látex…. pues se las apañaban como podían, con la escoba, sus pomadas mágicas…. ¡y ala, a disfrutar! Al ser las zonas erógenas tan sensibles y repletas de capilares, los ungüentos pasaban rápidamente a la sangre provocando alucinaciones; entre ellas volar con la escoba hacia los Aquelarres para bailar y mantener contactos sexuales con el diablo.
Así pues, he llegado a la conclusión de que las brujas eran mujeres inteligentes, sabias, liberales que vivían en un mundo que no las comprendía y las aislaba, entonces recurrían a las drogas para evadirse de una sociedad que no las aceptaba. Los hombres, para variar, se sintieron amenazados por el poder que tenían aquellas mujeres que se resistían a la sumisión masculina que estipulaba la sociedad de la época y empezaron a atribuirles la culpa de todas las desgracias; malas cosechas, tormentas, enfermedades…. y el hombre, a través de la mentiras fruto de su cobardía, las obligó a mantenerse escondidas de la caza de brujas; muchas fueron perseguidas, juzgadas, aniquiladas, torturadas y quemadas vivas acusadas de pactar con el diablo. En muchos de esos juicios las obligaban a posar desnudas con el fin de encontrar la señal del diablo que suponía estar en algun sitio donde no sentirían el dolor de la aguja que les iban clavando por todo el cuerpo, incluso en las partes más íntimas bajo la mirada de todos aquellos hombres que, con la Inquisición, encontraron la excusa perfecta para satisfacerse observando a una joven desnuda y sollozando torturada. Sólo una mente masculina puede ser tan retorcida.
Fueron miles de mujeres acusadas de brujería por el miedo y la envidia del clero al ver que los aldeanos recurrían a las brujas buscando ayuda en vez de los sacerdotes, considerados los únicos intermediarios entre Dios y lo terrenal. La Inquisición acabó con la vida de miles de mujeres acusadas de practicar unos rituales que ya se remontaban al paleolítico y que aún se practican en nuestros días. Aún así, debemos recordar que nuestro país la caza de brujas no fue, ni de lejos, tan brutal como en la Europa Central.
Lo mejor de todo es que he descubierto que aún existen brujas hoy en día y están muy lejos de la imagen que les ha atribuido injustamente la historia. Las hechiceras en la actualidad, ni salen por la tele anunciando lecturas del tarot, ni presumiendo de ser videntes. Las brujas de nuestros días permanecen en el anonimato y al igual que sus antecesoras, se deben a la naturaleza. Hay algunas que practican magia blanca y celebran rituales. Hay quién los califica de ecologistas que buscan un modus vivendi más profundo y espiritual, algo que respeto y admiro profundamente.
Su ley fundamental se basa en; “Haz lo que quieras, pero a nadie dañes” bajo este lema, ¿quién no quiere ser bruja? y es que creo que todas, en el fondo, lo somos un poquito…

lunes, 30 de agosto de 2010

Los vampiros.... ¡existen!





Dicen que todas las leyendas o cuentos tienen un fondo real y es que el ser humano, siempre ha tenido la necesidad de narrar aquellos fenómenos y sucesos del mundo que han sido incomprensibles para las personas y darles, de un modo u otro, cierta explicación. Hay historias que son más verdad que fantasía…. Como los vampiros. Dejando de lado a Drácula, cierto es que existen en la vida real, aunque estos no se alimentan de sangre, sinó de nuestras emociones; son los llamados vampiros emocionales.

¿Nunca os habéis preguntado por qué aquella chica o chico a cambiado de actitud o no se la ve tan vital desde que está con tal persona?, que se va volviendo más y más débil, dependiente del otro pareciendo cada vez más aislada y sometida a las necesidades de su pareja olvidando las suyas….

Los vampiros emocionales son personas sorprendentes, caen bien a todo el mundo y es muy fácil darles nuestra confianza. Son tan sutiles que es poco probable no caer en sus brazos al instante. Nos controlan a partir de nuestro miedo y nuestra confusión. Sólo les interesa nuestra energía.
El Dr. Bernstein (psicólogo clínico y terapeuta) “que son diferentes de la gente normal, pueden parecer más atractivos, más emocionantes, más inteligentes, encantadores, creativos…. Pero su necesidad es “superior a cualquier otra” y asumen que las reglas no son para aplicarlas a ellos mismos, si no a la gente corriente. Nunca se sienten culpables y cuando se les descubre, se muestran rabiosos y manipuladores y cambian sus formas. Desempeñan tan bien su papel que engañan a los demás con bastante frecuencia

Son personas melancólicas y con tendencia a sentirse decaídos, a menudo lo hacen sin querer, pero son incapaces de ser felices por sí mismos y necesitan alimentarse de la felicidad y actitud positiva de otra persona para salir a flote. En cuanto su presa deja de emitir energía y ya no les es útil para sus proyectos, no tienen contemplaciones en buscar a otra. Tienen sueños inalcanzables, inmaduros e infantiles, su idea del mundo es muy distinta a la nuestra. Te embaucan con promesas falsas para que te ocupes de todo de lo que él no quiere hacerse responsable, no le gustan las obligaciones y es incapaz de mantener un trabajo. Necesita ser el centro de atención de todos y que el mundo esté pendiente de ellos. Parece que da un amor perfecto pero en realidad no da nada a cambio del amor de los demás. Si conocéis a uno de ellos, preguntaros ¿qué hace él por vosotros?

Los vampiros emocionales buscan nuestras debilidades y en cuanto las encuentran, les damos luz verde para que nos controlen. Por ejemplo; “si perdieras un par de quilitos me tendrías a tus pies, si vas al gimnasio y te arreglas eso te pagaré tal viaje, esa chica no me gusta que tiene barriga, todas mis amigas me desean, esa me envía mensajes pero es fea…” eso hace que poco a poco, su víctima se sienta más esclava de su cuerpo y no piense en más que estar a dieta para gustarle a él puesto que los vampiros consiguen que dependamos de ellos sin darnos cuenta.
Son como niños; "quiero eso y lo quiero ahora", si no lo tienen les da la rabieta. Serán los mejores amigos o las mejores parejas, pero en cuanto su víctima ya no les da lo que ellos quieren, desaparecen sin dar explicación alguna, pero ellos nunca hacen nada mal ni son responsables de nada. No tienen escrúpulos en cuanto al amor, comprensión, dinero, esfuerzo, tiempo, amistad que se les haya brindado; para ellos el esfuerzo de los demás solo sirve para conseguir aquello que anhelan. Ellos son el centro de atención y si dan algo siempre es por el interés de recibir algo a cambio. Su deseo para conseguir todo lo que quieren les lleva a mentir continuamente. Saben consumir a los demás negándoles su apoyo, con pequeñas críticas y deforman la realidad pareciendo que somos los demás los que hemos actuado mal. No importa el tiempo ni todo lo invertido en la relación, son personas cargadas de resentimiento y no dudan en aprovecharse del miedo para controlarnos. Los vampiros son egoístas por naturaleza e incapaces de amar a nadie, sin embargo durante la relación (sea amor o amistad) sentimos que dependen de nosotros y que están en nuestras manos. Además, suelen atraer a buenas personas que les ayudan y apoyan sin reservas pero como no saben ni tan siquiera quién son ellos mismos, acaban contagiándonos sus dudas sobre nuestra identidad.
Su percepción del mundo no es real, la ven desde sus ojos de Peter Pan. Son niños que no crecen y así es como debemos tratarlos.

¡Pero cuidado! Cuando algo se tuerce, las cosas no salen como ellos quisieran, les negamos nuestra energía y no pueden manipularnos, sacan su lado más oscuro puesto que son rencorosos; murmuran, nos critican y mienten sobre nosotros. Son resentidos y son capaces de volver a buscarnos bajo una desinteresada amistad para alimentarse de nuevo de nuestras emociones. Por lo tanto lo mejor es mantenerse fuerte y, lo más importante, ser objetivo. Siendo positivos y estando seguros de nosotros mismos, haciendo caso omiso a sus palabras, que sólo son eso; palabras, evitaremos que nos manipulen y roben nuestra energía.
Un vampiro emocional puede ser vuestro jefe, un compañero de trabajo, un amigo, vuestra pareja.... y para ellos no hay ni cruces ni ajos que valgan; debemos aferrarnos a nuestros valores y, sobretodo, lo más importante; no huír ¡jamás!

Fuente: http://www.unizar.es/gine/MB/vampiros.htm

martes, 2 de marzo de 2010

¡Qué les pasa a los hombres a partir de los 35!

Últimamente he conocido varios chicos de treintaicinco para arriba y he observado que todos comparten algunos rasgos en común, lo que me ha inspirado a escribir este post. A ver qué os parece...
Los que son solteros o los que están emparejados sin hijos y van camino de los cuarenta, al menos los que yo conozco, se cuidan, son muy presumidos y, si son resultones, se lo tienen muy creído. Saben que resaltan por encima de lo habitual; los que son padres de familia no le dan tanta importancia al aspecto físico e invierten en sus hijos o en su hogar. Un single, en cambio, no le importa gastarse una pequeña fortuna en potingues para oler mejor o tener la piel más bonita y hace lo imposible para conservarse en su peso. El denominador común en casi todos ellos son: los Levi's clásicos combinados con algún jersey, camisa o polo de marca. Fieles a su aburrido vestuario, no habrá manera de que sorprendan con unos pantalones tipo militar o algo que no se parezca a un clásico vaquero. Supongo que como no disponen de asesoramiento femenino, a la hora de conjuntar la ropa van a lo seguro; ¡unos tejanos y un polo de Tommy Hilfiger no fallan nunca!

Son solitarios; no les importa viajar o salir solos (¡algo que una chica no haría ni loca!) y suelen tener un coche más o menos vistoso. Llegan a la disco, se piden un cubata, se apalancan a la barra para no perder detalle y se ponen manos a la obra para encontrar a su próxima presa. No se van a conformar con cualquiera; la candidata deberá ser una mujer diez como mínimo y antes de bajar el listón, preferirán volver a casa solos. Si aprobáis su examen con buena nota, se os acercará muy seguro de sí mismo en plan Don Juan y resultará tremendamente encantador. A merced de tales habilidades para la conquista, será inevitable que a los diez minutos penséis que es el hombre perfecto. Vuestro pretendiente quiere sentirse deseado, y el muy pícaro, sabe cómo hacerlo.
Una vez os tenga en el bote, cabe la posibilidad de que la noche acabe con sexo pero, si es así, no volveréis a saber de él jamás de los jamases. Si no caéis a la primera seguramente tendréis una segunda oportunidad y, al poco tiempo, os convertiréis en buenos amigos, que de eso ¡saben mucho!

Aunque os pida el teléfono, es posible que no llame él y tengáis que ser vosotras las que deis el primer paso. A partir de los treinta y largos, creedme, se vuelven muy pasotas y van muuuy sobrados; no devuelven las llamadas ni escriben mensajitos pero, si coincides con ellos y les das charla, son capaces de tenerte dos horas al teléfono contándote todas sus batallitas de pe a pa. Les gusta que les vayamos detrás para demostrarse a sí mismos que aún siguen resultando guapos, atractivos e irresistibles para las mujeres. Para ellos debe ser una espécie de antídoto hacia la recta final de los treinta. En cambio nosotras, que ya somos mayorcitas, intentamos comportarnos como adultas y procuramos hacer lo que nos dice el corazón siendo siempre educadas, amables y correctas. No perdemos la compostura aunque, a menudo, el resultado de nuestro esfuerzo está bastante lejos de lo esperábamos en un principio.
Una vez os vayáis conociendo y tengáis más confianza descubriréis, una y otra vez, que todo chico de treinta para arriba, suele estar traumatizado por alguna mala experiencia personal. Todos tienen una relación que marcó un antes y un después en su vida amorosa. Entonces, cuando te explican su dramática historia, una se hace a la idea de que este chico se pasará la vida castigando el resto de mujeres del mundo por lo que una vez le hizo su ex, aunque las demás no tengamos ninguna culpa de ello.

Un día, en alguna de vuestras charlas infinitas, es posible que surja el tema hijos (sólo para hablar, porqué no sois pareja ni nada) y, llegados a este punto, os dejarán muy clara su posición de machote vividor anti-bebés. No dudarán en calificar a todo el género femenino de ser unas obsesionadas por la necesidad de tener descendencia. Y ya no os digo si, por casualidad, os encontráis a alguna conocida que sea mamá; a la que se os ocurra echarle un vistazo al bebé (que es de la misma manera que yo le echaría un vistazo a un bolso de Prada, que me encanta pero sé que, de momento, no está hecho para mí) tu acompañante soltero de treinta y tantos os soltará un “cuidado que eso se pega” o un “ya estamos con el reloj biológico”. Qué gracioso, luego sería el momento de una contestación tipo; “A ver listo, qué sabrás tú de mis órganos reproductores y qué hablas si ni siquiera estamos juntos, ¡payaso!”. Personalmente, no creo que sea porqué no quieren tener un duplicado suyo en pequeñito, incluso pienso que en el fondo están deseando tener un niño, pero saben que cuando la pareja tiene un bebé, inevitablemente, el marido pasa a un segundo plano y creedme, dejar de ser el número uno les aterra.


La comunicación entre vuestro Don Juan y vosotras será de lo más natural y no os costará hablar de lo que os apetezca. Quizá compartiréis algo de sexo en alguna ocasión, pero al loro chicas; en cuanto empecéis a sondear el terreno para considerarlo como posible candidato a pareja más o menos estable, os soltará un "Estoy muy bien solo y no me quiero enredar", aún así, a la vez irá dando pequeñas señales para que percibáis su deseo por encontrar a una chica algún día e insinuará la posibilidad de cambiar de idea si se cruza en su camino alguien especial. Naturalmente nosotras intentaremos ser esa persona especial que conseguirá lo imposible, pero la realidad es que es más probable que hagamos un viaje a la luna con un chimpancé albino que conseguir sentar la cabeza a este soltero incorregible.
La ambigüedad nos mantendrá presas y seguiremos navegando en aguas turbulentas, con más o menos interés por nuestra parte. Aunque nos agobiemos un poco, conozcamos a otras personas y tengamos otras citas, siempre seguiremos a la expectativa del soltero de treinta y largos en cuestión. Son listos y no quieren quedar mal con ninguna mujer, la experiencia les ha enseñado que el mundo da muchas vueltas y nunca se sabe a qué puerta podrían necesitar ir a llamar. No sé como lo hacen, pero los muy……. (aquí dejo que vuele vuestra imaginación), siempre saben esquivarte y darte largas de una manera tan sutil, que resulta imposible enfadarte con ellos.

Aunque sea un chico, majo, encantador y compartáis una amistad excelente, si le habláis de vuestras amigas no tardará en soltar un; "¿Cómo son tus amigas? ¿están buenas?, preséntamelas". Ese comentario tan estúpido y grosero, es muy común en los chicos que se acercan a los cuarenta y saben que tienen delante una mujer que vale un imperio. Llegados a este punto, es cuando una piensa "eres idiota", o al menos es lo que yo hago. Hace un par de días me encontré en una situación similar y harta de escuchar la misma cancioncita por millonésima vez, estallé y le solté un; “eres idiota y no soporto este tipo de comentarios de solterón sobrado y engreído. Preséntame tú a tus amigos que están buenos y a ver si encuentro a alguno apañao para mí”, luego resultó ser que no tenía amigos, ya…. la cuestión es que se disculpó, pero ya se había cargado el buen feeling del momento. Lo más patético de todo esto es que van del rollo tío duro y luego resultan ser unos blandengues, pero supongo que tienen la necesidad de reafirmarse como hombres libres e independientes.

Llegados a este punto me pregunto... ¿Es la costumbre a la soltería que les hace tan inaccesibles? ¡Espero comentarios!

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