martes, 2 de marzo de 2010

¡Qué les pasa a los hombres a partir de los 35!

Últimamente he conocido varios chicos de treintaicinco para arriba y he observado que todos comparten algunos rasgos en común, lo que me ha inspirado a escribir este post. A ver qué os parece...
Los que son solteros o los que están emparejados sin hijos y van camino de los cuarenta, al menos los que yo conozco, se cuidan, son muy presumidos y, si son resultones, se lo tienen muy creído. Saben que resaltan por encima de lo habitual; los que son padres de familia no le dan tanta importancia al aspecto físico e invierten en sus hijos o en su hogar. Un single, en cambio, no le importa gastarse una pequeña fortuna en potingues para oler mejor o tener la piel más bonita y hace lo imposible para conservarse en su peso. El denominador común en casi todos ellos son: los Levi's clásicos combinados con algún jersey, camisa o polo de marca. Fieles a su aburrido vestuario, no habrá manera de que sorprendan con unos pantalones tipo militar o algo que no se parezca a un clásico vaquero. Supongo que como no disponen de asesoramiento femenino, a la hora de conjuntar la ropa van a lo seguro; ¡unos tejanos y un polo de Tommy Hilfiger no fallan nunca!

Son solitarios; no les importa viajar o salir solos (¡algo que una chica no haría ni loca!) y suelen tener un coche más o menos vistoso. Llegan a la disco, se piden un cubata, se apalancan a la barra para no perder detalle y se ponen manos a la obra para encontrar a su próxima presa. No se van a conformar con cualquiera; la candidata deberá ser una mujer diez como mínimo y antes de bajar el listón, preferirán volver a casa solos. Si aprobáis su examen con buena nota, se os acercará muy seguro de sí mismo en plan Don Juan y resultará tremendamente encantador. A merced de tales habilidades para la conquista, será inevitable que a los diez minutos penséis que es el hombre perfecto. Vuestro pretendiente quiere sentirse deseado, y el muy pícaro, sabe cómo hacerlo.
Una vez os tenga en el bote, cabe la posibilidad de que la noche acabe con sexo pero, si es así, no volveréis a saber de él jamás de los jamases. Si no caéis a la primera seguramente tendréis una segunda oportunidad y, al poco tiempo, os convertiréis en buenos amigos, que de eso ¡saben mucho!

Aunque os pida el teléfono, es posible que no llame él y tengáis que ser vosotras las que deis el primer paso. A partir de los treinta y largos, creedme, se vuelven muy pasotas y van muuuy sobrados; no devuelven las llamadas ni escriben mensajitos pero, si coincides con ellos y les das charla, son capaces de tenerte dos horas al teléfono contándote todas sus batallitas de pe a pa. Les gusta que les vayamos detrás para demostrarse a sí mismos que aún siguen resultando guapos, atractivos e irresistibles para las mujeres. Para ellos debe ser una espécie de antídoto hacia la recta final de los treinta. En cambio nosotras, que ya somos mayorcitas, intentamos comportarnos como adultas y procuramos hacer lo que nos dice el corazón siendo siempre educadas, amables y correctas. No perdemos la compostura aunque, a menudo, el resultado de nuestro esfuerzo está bastante lejos de lo esperábamos en un principio.
Una vez os vayáis conociendo y tengáis más confianza descubriréis, una y otra vez, que todo chico de treinta para arriba, suele estar traumatizado por alguna mala experiencia personal. Todos tienen una relación que marcó un antes y un después en su vida amorosa. Entonces, cuando te explican su dramática historia, una se hace a la idea de que este chico se pasará la vida castigando el resto de mujeres del mundo por lo que una vez le hizo su ex, aunque las demás no tengamos ninguna culpa de ello.

Un día, en alguna de vuestras charlas infinitas, es posible que surja el tema hijos (sólo para hablar, porqué no sois pareja ni nada) y, llegados a este punto, os dejarán muy clara su posición de machote vividor anti-bebés. No dudarán en calificar a todo el género femenino de ser unas obsesionadas por la necesidad de tener descendencia. Y ya no os digo si, por casualidad, os encontráis a alguna conocida que sea mamá; a la que se os ocurra echarle un vistazo al bebé (que es de la misma manera que yo le echaría un vistazo a un bolso de Prada, que me encanta pero sé que, de momento, no está hecho para mí) tu acompañante soltero de treinta y tantos os soltará un “cuidado que eso se pega” o un “ya estamos con el reloj biológico”. Qué gracioso, luego sería el momento de una contestación tipo; “A ver listo, qué sabrás tú de mis órganos reproductores y qué hablas si ni siquiera estamos juntos, ¡payaso!”. Personalmente, no creo que sea porqué no quieren tener un duplicado suyo en pequeñito, incluso pienso que en el fondo están deseando tener un niño, pero saben que cuando la pareja tiene un bebé, inevitablemente, el marido pasa a un segundo plano y creedme, dejar de ser el número uno les aterra.


La comunicación entre vuestro Don Juan y vosotras será de lo más natural y no os costará hablar de lo que os apetezca. Quizá compartiréis algo de sexo en alguna ocasión, pero al loro chicas; en cuanto empecéis a sondear el terreno para considerarlo como posible candidato a pareja más o menos estable, os soltará un "Estoy muy bien solo y no me quiero enredar", aún así, a la vez irá dando pequeñas señales para que percibáis su deseo por encontrar a una chica algún día e insinuará la posibilidad de cambiar de idea si se cruza en su camino alguien especial. Naturalmente nosotras intentaremos ser esa persona especial que conseguirá lo imposible, pero la realidad es que es más probable que hagamos un viaje a la luna con un chimpancé albino que conseguir sentar la cabeza a este soltero incorregible.
La ambigüedad nos mantendrá presas y seguiremos navegando en aguas turbulentas, con más o menos interés por nuestra parte. Aunque nos agobiemos un poco, conozcamos a otras personas y tengamos otras citas, siempre seguiremos a la expectativa del soltero de treinta y largos en cuestión. Son listos y no quieren quedar mal con ninguna mujer, la experiencia les ha enseñado que el mundo da muchas vueltas y nunca se sabe a qué puerta podrían necesitar ir a llamar. No sé como lo hacen, pero los muy……. (aquí dejo que vuele vuestra imaginación), siempre saben esquivarte y darte largas de una manera tan sutil, que resulta imposible enfadarte con ellos.

Aunque sea un chico, majo, encantador y compartáis una amistad excelente, si le habláis de vuestras amigas no tardará en soltar un; "¿Cómo son tus amigas? ¿están buenas?, preséntamelas". Ese comentario tan estúpido y grosero, es muy común en los chicos que se acercan a los cuarenta y saben que tienen delante una mujer que vale un imperio. Llegados a este punto, es cuando una piensa "eres idiota", o al menos es lo que yo hago. Hace un par de días me encontré en una situación similar y harta de escuchar la misma cancioncita por millonésima vez, estallé y le solté un; “eres idiota y no soporto este tipo de comentarios de solterón sobrado y engreído. Preséntame tú a tus amigos que están buenos y a ver si encuentro a alguno apañao para mí”, luego resultó ser que no tenía amigos, ya…. la cuestión es que se disculpó, pero ya se había cargado el buen feeling del momento. Lo más patético de todo esto es que van del rollo tío duro y luego resultan ser unos blandengues, pero supongo que tienen la necesidad de reafirmarse como hombres libres e independientes.

Llegados a este punto me pregunto... ¿Es la costumbre a la soltería que les hace tan inaccesibles? ¡Espero comentarios!

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