lunes, 3 de octubre de 2011

Los hombres siempre vuelven

Del mismo modo que la vida laboral se construye a partir de los trabajos que vamos relizando a lo largo de nuestra vida, la vida sentimental se moldea mediante las personas con las que hemos tenido una relación más o menos amorosa: de ahí que haya empleos a los que no volveríamos ni por todo el oro del mundo y amores que desearíamos que no hubieran existido nunca. Sin duda siempre hay relaciones que han terminado convirtiéndose en una espina  clavada en muestro corazón  de manera eterna pero.... cuando una de esas personas vuelve a tu vida dispuesta a conquistarte ¡¿qué hacemos?!


Hace unos días, después de dejar cuatro mensajes subliminales referente a mi incipiente soltería por la red, apareció el primer candidato: nada más ni nada menos que Roberto, el mismo que me dijo hace dos años "te veo como una amiga" y que tuvo la jeta de contactar conmigo el pasado invierno única y exclusivamente para que le presentase a la rubia que había visto en mi lista de amigos del Facebook, hecho que inspiró mi entrada de Guapos, solteros y desesperados a los cuarenta. Pues bien, el chico me envió un mensaje, pero al tratarse de "materia peligrosa", decidí no contestar, borrarlo y olvidar el tema. Sin embargo, al día siguiente me interceptó en el chat y  como sé Roberto es de esos tíos que solo te hablan cuando quieren algo,   le seguí el rollo en plan hipermegasimpática para averiguar qué quería esta vez. No costó mucho, no tardó más de tres frases en soltar el cebo:

Él: ¿te has casado ya? - ¡madre del amor hermoso! ¿es posible que el tío esté intentando ligar conmigo, después de casi dos años sin vernos?


Yo: - silencio - me lo pienso pues sé que depende de lo que diga, la conversación tomará un rumbo u otro. La malícia me invade, quizá ha llegado oportunidad de poner las cosas en su sitio - Sí, estoy soltera. Supongo que soy alérgica a las relaciones demasiado formales.


Él: ja,ja yo también ¿quedamos un día? tu eres de aventuras cortas pero intensas - en otras palabras "eres un putón", evito mandarlo a freír espárragos y me hago la tonta.


Yo: Pues sí,  soy de relaciones intensas pero te aviso que tienes pocas posibilidades, estoy divina y tu ya tienes casi cuarenta. Tengo candidatos más jóvenes.


Él: yo también tengo otras posibilidades - perdona, eres tú que quieres quedar conmigo, no al revés, listillo.


Yo: En serio Roberto, creo que tuvimos nuestro momento y no ocurrió. Ahora hace una eternidad que no te veo y no creo que me inspires....- ¡puaj! ahora mismo encuentro más atractivo a Bob Esponja que a tí.


Él: pues quedamos igual y si surge algo pues bien y si no también.- puedes estar seguro de que lo único que surgirá es una calabaza gigante ¡cretino!


Finalmente le dije que me lo tenía que pensar, que estoy muy liada con la universidad y que ya tendría noticias mías... o no.


Después de esta conversación es evidente que se muere de ganas de pillar cacho y que se ha quedado sin opciones y cuando digo esto no quiero decir que yo sea su plan B o C, con suerte seré su plan Y para no decir directamente el plan Z que equivale ser su último recurso. Mira que el chico es guapo: exmodelo, alto, guapo, empresario, deportista e.. ¡insoportable! no me extraña que no se coma un rosco.


Sea com o sea, me ha quedado claro  que la popular frase de que todos vuelven, más que una retahíla de palabras, es un hecho y como tal, una siempre tiene que estar preparada. Ahora soy yo la que tengo la sartén por el mango, sólo queda decidir qué voy a hacer: darle plantón directamente o hacerlo sufrir lenta y dolorosamente. Podría quedar con él y pantarle un par de horas antes con el pretexto de que prefiero quedarme en casa para ver un documental sobre la vida de las sepias en el mar Adriático,  o bien podría dejar que me invitara a cenar, pedir lo más caro de la carta y darle como agradecimiento una gran patada en el culo a cuenta de las llamadas sin contestar y de su "te veo como una amiga". Quizá podría quedar con él, darle cuerda y soltarle un "te veo como un hermano" que aún es peor y a ver si así se entera que entre él y yo NUNCA habrá nada.


¡Hay que ver! tanto que me lo curraba antes poniéndome monísima, mandándole mensajes para quedar, haciéndole pastelitos de chocolate.... y ni puñetero caso. Ahora le digo que es un cuarentón que para mí está más que caducado que el huevo de Colón y el tío continúa insistiendo.


No puedo evitar preguntarme ¿Son los hombres capaces de cualquier cosa con tal de conseguir lo que quieren? y si es así...¿puede ser esa la clave para poder cerrar las heridas del pasado?




Sea como sea, creo que me acogeré al refrán de: agua que no has de beber....¡déjala correr!



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