miércoles, 1 de febrero de 2012

Debatiendo el cortejo humano

En un intento para saber quién tenía la pole en la categoría personal de los Premios 20 blogs, he descubierto un primer puesto muy bien merecido, sumamente interesante y muy, muy recomendable; una pequeña joya para el arte de la seducción (tradúzcase folleteo para la versión masculina). Pues bien, bajo el título El Cortejo humano, el blog se convierte en el manual perfecto para atraer, descifrar y manejar a las mujeres con el único fin de llevarlas al huerto. Quizá si hubiera dado con este blog en otro momento, hubiera pensado que la dosis de pragmatismo que se desprendía de él era excesiva, pero al estar en un momento de mi vida donde disfruto de amistades masculinas muy interesantes, me doy cuenta de que tales  escritos no hacen más que reflejar la cruda realidad. Hace poco tuve una interesante conversación en la que, una vez más, se demostraba el principal y único motivo por el que un hombre quiera cortejar a una fémina:

-Y tú qué buscas en una mujer?
-Sexo y que sea un zorrón
-Eso ya lo sé.... pero fuera de la cama? qué buscáis en una mujer fuera de la cama?
-Que hable poco y que lo poco que diga sea inteligente

Dado que ellos buscan mujeres que permanezcan calladitas y nosotras buscamos hombres que sepan escuchar, está claro que si en un terreno tenemos armas para conquistarles, éste será en el plano horizontal. No digo que todo se base en el sexo pero sí la mayor parte: no nos engañemos, sé de primera mano que cuando un tío conoce a una chica en lo primero que pone sus expectativas es en la capacidad de ella para reconvertirse en putón berbenero en la cama. 

Así pues, leyendo un blog tan simple, directo y práctico que solo puede ser fruto de una mente masculina, he dado con un post referente a las edades de las mujeres y los comportamientos asociados a ellas. Como el autor invita a añadir o rebatir su clasificación y dado que resulta evidente que contiene conceptos bastante inexactos, he decidido dar mi punto de vista. Según mi colega blogger y psicólogo, las edades se dividen en florecimiento, juventud, último tren y decadencia. Ahí va mi versión:

Florecimiento (18-21): a parte de fijarnos en el físico nos fijamos en chicos que tengan coche ¡queremos comodidad! A esta edad creemos firmemente en los príncipes azules que vimos en las pelis de Disney y no dudamos de que conoceremos un chico maravilloso ¡en una discoteca!  Nuestro pretendiente nos regalará flores, bombones y damos por su puesto que a los treinta ya nos habremos casado y tenido hijos con él. Referente a la belleza es muy relativo: yo a los viente era infinitamente más insegura que ahora, por lo que creo que a medida que maduras disfrutas más de tu cuerpo. Date cuenta que los trastornos alimentarios son comunes en edades donde uno no está seguro de sí mismo. 

Juventud (22-28): No sabemos qué peinado nos favorece, combinamos la ropa de forma muy torpe y nos pintarrajamos demasiado para salir. El cuento del principie azul empieza a ponerse en duda y a medida que avanzan los años tomamos consciencia de la dificultad para encontrar pareja, especialmente saliendo de fiesta.  En esta época el gran handicap es ceder a la primera noche o reservarse para la siguiente: si lo hacemos somos unas frescas, sino somos unas estrechas... no sabemos manejar la situación y a raíz de eso, es lógico que seamos presas fáciles y que consigáis sexo con poco esfuerzo. Obviamente decidís vosotros, nosotras estamos demasiado atareadas idolatrandos. 

El último tren (28-32): ¿el último qué? ¡pocas treintañeras has conocido tú! A esta edad somos más naturales, sabemos sacarnos partido con cuatro retoques y conocemos el arte de vestir sexy sin perder nunca la elegancia. Hábiles en la provocación no explícita, decididas y tajantes: ahora elegimos nosotras y nos importa un pimiento lo que penséis: si nos apetece habrá sexo a la primera y si no cumplís con las expectativas, ¡roja directa! A los treintaitantos ya somos conscientes de que los príncipes azules no existen y que debemos empezar a pensar de forma más objetiva, útil, sencilla y práctica, es decir, ha llegado la hora de empezar a pensar como un hombre. Cierto es que por una parte seguimos anhelando el compañero casi perfecto, pero también es cierto que podemos ofrecer aventuras esporádicas, apasionadas y sin compromisos. Si bien a los treinta la fuerza de la gravedad es una obviedad en nuestro cuerpo, también es cierto que a esas alturas estamos más seguras de nosotras mismas y disfrutamos más en la intimidad: pasamos del tanga, nos apuntamos a la moda culotte y tema resuelto. Personalmente, no volvería a la ingenuidad de los veinte ¡ni por todo el oro del mundo! 


Decadencia (+33): eso lo sabré dentro dentro un par de años, aunque no creo que cambie tanto en tan poco tiempo. Además de poder definir este ciclo vital con un adjetivo más apropiado, creo que esta etapa debería empezar a los treintaicinco. Sea como fuere, a estas edades, hombres y mujeres, estamos rebotados y resabiados a raíz de alguna relación del pasado. Supongo que estaré insoportable camino de los cuarenta y que mi interés por las Visa Oro irá aumentando en consonancia a la edad:  apostaré por renunciar al amor y buscaré comodidad si mi genética ha sido benévola conmigo y sigo siendo un ejemplar más o menos apetecible. Digamos que, literalmente, en vez de corazón tendré una calculadora. 


Dicho esto, me aventuraré a hacer la misma cualificación para las edades masculinas y su comportamiento asociado:


Inmaduros en potencia (-30): buscáis sexo.


Inmaduros (+30): buscáis sexo, que os cocinen, limpien y os cuiden. 


Llegados a este punto la gran pregunta es ¿cual es el peso del sexo en la mentalidad masculina? ¿es el sexo el eje central de la relación? ¿realmente la clave de todo se reduce a ser una señora en la calle y un putón en la cama?




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